
Un año más estamos en plenas fiestas navideñas, un año más deseando que estas terminen lo antes posible, un año más aguantando el exceso de comida, la mezcla de distintas bebidas espirituosas y de distintos excesos tanto físicos como de carácter afectivo o desafectivo.
Otra vez efectuando un considerable desembolso para malgastar el dinero en regalos mayoritariamente inútiles, otra vez perdiendo tiempo en comprarlos, personalmente adquirí la mayoría de ellos en mi reciente viaje por el Hérault francés, ya que de si una cosa pueden estar orgullosos los franceses es de su evidente buen gusto, a pesar de la elección de Sarkozy, el cual cabe esperar que sea la excepción que confirma la regla (pero en este caso vaya excepción).
Entre las cosas que adquirí para regalo familiar así como para regalo propio fueron unas estupendas bufandas. Unas autenticas bufandas francesas, las de las mil rayas de colores, bastante habituales hoy en día en todas partes y no solo en Francia como fue hasta hace unos años la autentica y tradicional bufanda roja francesa, con su rojo intenso que definía por ella misma la nacionalidad de su portador. La misma indicaba cierto gusto estético, cultural y político, hace unos años adquirí una en París cuando ya los franceses empezaban a darle la espalda, una buena bufanda, que nació en los albores de mayo del 68 y que ha perdurado hasta la subida de Sarkozy, signo definitivo del fin de una época. Hoy en día es difícil encontrar estas estupendas bufandas rojas.
Los ingleses se definían con su bufanda a cuadros de color marrón claro de marca Burberrys (o imitaciones de top manta), estas ya se popularizaron en exceso hace años en España, pasando de ser unas buenas y elegantes bufandas a identificar a la clase media baja o baja de nuestra Sociedad.
Los signos identitarios de los diferentes países europeos se van olvidando, los colores que definían la nacionalidad de los coches ya no existen, hoy nadie identifica un coche verde oliva con Gran Bretanya, uno rojo con Italia, uno azul con Francia, etc. Primero fueron las marcas, Renaults en Italia, Fiats en Alemania, Audi en Gran Bretanya, ya no se identifico marca de automóvil con nacionalidad; algo parecido pasa con la música, la ropa y los libros, incluso en el tema de la comida la uniformización avanza a grandes pasos, la uniformización en la aculturización y en el mal gusto, en todo aquello que es banal, en las expectativas de un futuro insulso y alienado. Hasta la navidad se uniformiza con abetos nórdicos en ciudades mediterráneas, con Papas Noëles por doquier, con unos Reyes Magos cada vez más marginales y con la Escudella y Carn d’olla en el recuerdo. Posiblemente únicamente el Caga Tió nos sobreviva en costumbres dentro de unos años (solo en Catalunya), así como el pesebre o parte de el (por el caganer). Hace años Josep Pla ya escribía sobre la mala costumbre del árbol de navidad que empezaba a decorar las casas en navidad, hoy en día la mismo forma ya parte del imaginario colectivo.
En fin, dentro de poco la fiesta de fin de año, con la reciente costumbre de la ropa interior femenina de color rojo, así como con la más o menos reciente costumbre española de las 12 uvas, cuyo origen es algo tan poco romántico o bucólico como el de dar salida hacia 1.910 a un excedente de producción de uva en la zona de Alicante.
Solo nos queda la satisfacción que las fiestas están pasando y dentro de poco solo serán un recuerdo próximo al olvido.