dimecres, 8 de juliol de 2009

TOROS



Desde que el 15 de junio de 1.897 se realizo la última ejecución pública en el Pati dels Corders del Raval de Barcelona en la que se mato al reo Silvestre Luis, parecía que el espectáculo de la muerte iniciaba el camino hacia su total desaparición. El tétrico decorado de la muerte en su versión más lúdica con su patíbulo-tarima y su horca o garrote vil, rodeada de espectadores en ambiente festivo deseosos de ver como el verdugo ejecuta al condenado ante los aplausos y la alegría, la aparatosa extremaunción del sacerdote decimonónico y la destreza del verdugo encapuchado.

Parecía que los años y el aumento del nivel de vida y cultural del pueblo desplazarían por completo el deseo humano de disfrutar del sufrimiento, la tortura y la muerte de los seres vivos, pero la humanidad no avanza en todos los aspectos al mismo nivel, ni todas las personas evolucionan con el mismo decoro. El deseo de disfrutar viendo la muerte del “otro”, precediéndola de una sutil y aterradora tortura sigue vigente en nuestros días, me refiero al espectáculo de los toros, que consiste básicamente en torturar a un animal, habiéndolo previamente sedado y amansado para que no cause daño al torturador. Una vez efectuado el inhumano maltrato correspondiente a clavarle todo tipo de objetos punzantes y marear en lo posible al animal , darle muerte con una espada, a la vez que el pueblo satisfecho dando gritos de admiración hacia el verdugo-torturador, al igual que hace un siglo ocurría en el Pati dels Corders del Raval.

Hace una semana un conocido torero con nombre de bar de tapas de Major de Sarria lleno el patíbulo barcelonés ante un público llegado en su gran mayoría de Madrid (se dice que el 90%) dispuesto a disfrutar del maltrato de animales una vez estos hubiesen sido sedados, pasado las últimas horas con pesados sacos de arena sobre sus lomos con el fin de lesionarles los riñones para que no puedan saltar y lastimar al torero.

Dicho acto pendenciero coincidió en el tiempo con la presentación ante la mesa del Parlament de más de 180.000 firmas de catalanes para prohibir tal indecente y sangriento espectáculo. Se trata, que al igual que en Canarias ya hicieron en su día se prohíba este maltrato a los animales. Parece ser que existe una amplia mayoría de diputados que apoyara la democrática propuesta.

Nuestros ancestros tuvieron la delicadeza de utilizar la horca y el garrote en las ejecuciones públicas, no existiendo en España la guillotina como en Francia y que demostraba una mayor consideración al evitar la sangre. En la actualidad el espectáculo taurino cuanto más sanguinario mejor, el nivel moral de los espectadores es marcadamente inferior al de los asistentes de la última ejecución de un reo en 1.897.

Hace unos meses firme en Girona contra la barbarie, fui uno de los 180.000 ciudadanos contra el maltrato animal, si finalmente se prohíbe me sentiré satisfecho.
Recomiendo el blog de LV de Albert Castillón del día de hoy, realmente es muy ilustrativo.

1 comentari:

hugo solo ha dit...

Algo le habra salido mal a Castillon durante casi un año le veia bajar o subir a diario en la radio mas que sospechoso me parece tanta sensibilidad.